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Federico Lorenz: "La principal demanda que Malvinas nos plantea es atrevernos a grandes cosas otra vez"

Entrevista

El escritor analiza la historia y el presente de la gran causa nacional en tiempos donde la soberanía parece una variable más del mercado para el gobierno: “El peso del símbolo Malvinas nos tiene que servir para articular algún tipo de proyecto político”. Por Exequiel Svetliza.

Foto: Foto: Juan Mabromata / AFP





El de Federico Lorenz se ha vuelto un nombre insoslayable a la hora de abordar la cuestión Malvinas. Con agudeza crítica y un profundo compromiso intelectual, el historiador y escritor vuelve una vez más al asedio de los intricados sentidos de la gran causa nacional en “Breve historia de las islas Malvinas”, su último libro donde desanda el destino del archipiélago desde su descubrimiento en el siglo XVI hasta nuestros días. Ya sea a través de la investigación historiográfica en obras como “Malvinas. Una guerra argentina” o “Unas islas demasiado famosas. Malvinas, historia y política”. O bien apelando a la indagación de las implicancias culturales del conflicto bélico de 1982, como lo hace en “La llamada. Historia de un rumor de la posguerra de Malvinas”. Y hasta explorando las posibilidades de la ficción literaria en sus novelas “Montoneros o la ballena blanca” y “La balada de Jimmy Cross”; Lorenz no ha dejado de pensar en Malvinas y sus repercusiones en nuestro presente. Una mirada imprescindible que vuelve otra vez a la carga para desmenuzar el gran tema nacional. 

“Desde su descubrimiento en el siglo XVI las Islas Malvinas han sido objeto de disputas entre españoles e ingleses, estadounidenses y argentinos. ¿Por qué un archipiélago ubicado en el extremo austral del continente americano ha tenido ese destino? ¿De qué formas ganaron espacio en la geopolítica y la cultura de las naciones como para que allí, en 1982, se produjera lo que muchos consideran la última guerra convencional? ¿De qué maneras los territorios juegan en la construcción de las identidades nacionales y regionales?”, son algunas de las preguntas que busca responder el investigador en el libro recientemente editado por Editorial SB. “En estas páginas los lectores encontraran un apasionante relato de viajes, exploraciones y distintos esfuerzos para asentarse en uno de los espacios más inhóspitos del planeta. Las exploraciones de Magallanes, los viajes de Darwin, los emprendimientos mercantiles de comerciantes audaces como Luis Vernet o Samuel Lafone arman una trama compleja y atrapante que da cuenta de un pasado riquísimo”, agrega la sinopsis de esta nueva obra que da cuenta de un minucioso periplo intelectual de varias décadas. 

El historiador y escritor Federico Lorenz. 

Ante un nuevo aniversario de la recuperación militar de las islas en 1982 y con un nuevo libro malvinero bajo el brazo, Lorenz habló con eltucumano.com acerca de la historia y el devenir del archipiélago, la disputa de soberanía bajo el gobierno libertario y la gravitación actual de Malvinas en el pensamiento nacional. 

-¿Cuáles crees que son los principales aportes de Breve historia de las islas Malvinas a tus múltiples indagaciones sobre el tema?

- Creo que el principal aporte del libro es, precisamente, la posibilidad de ofrecer una historia breve, pero a la vez completa y que abre distintos aspectos de las Islas Malvinas en su relación con el continente. De alguna manera, sistematiza no solo mi producción, que es parte de un caudal mucho más amplio de investigadores que han escrito sobre la historia de Malvinas, me atrevería a decir, sobre todo, antes de la guerra de 1982. Entonces pone en circulación nuevamente una gran acumulación de investigaciones históricas sobre Malvinas que tienen una presencia notable en la cultura política argentina, eso es evidente, pero esto no necesariamente está acompañado del conocimiento histórico necesario para sostener esa presencia. Así que puede ser pensado también como un manual de alta divulgación.

 

-¿Considerás que, en términos generales, los argentinos conocemos la historia de las islas? 

-Yo creo que nosotros no tenemos un conocimiento profundo de la historia de las islas porque la cuestión de la usurpación británica y, sobre todo, de la guerra del 82 es como que le pusieron un tabique a eso y no las podemos pensar mucho más allá de eso. Aparecen chispazos que tienen que ver con los llamados títulos históricos argentinos sobre las islas, es decir, con la acumulación de acontecimientos que tradicionalmente orientaban las investigaciones de los historiadores que tenían que demostrar por qué las islas eran argentinas, lo cual era una investigación de alguna manera bastante inducida a veces o limitada, en el sentido de que el objetivo fundamental era ese. En este libro y en otros, yo planteo que había una subordinación de la investigación histórica a las necesidades del derecho internacional y eso no siempre ofrece la mejor historia ni la historia más interesante posible. 

 

-¿Qué preguntas todavía no nos hemos hecho respecto a la cuestión Malvinas?

-En cuanto a las preguntas que todavía no nos hemos hecho respecto a la cuestión Malvinas, hay una que es importante y que implica invertir la carga de cómo pensamos la cuestión. Siempre estamos hablando de la necesidad de la recuperación de las islas y yo creo que, si uno hiciera al revés, vería que la cuestión verdaderamente importante es la pregunta política por el tipo de país que queremos ser, qué país será el que recupere las Malvinas. Es decir, el peso que tiene el símbolo Malvinas como catalizador nos tiene que servir para articular algún tipo de proyecto político alrededor de una eventual recuperación, sin tenerla como centro quiero decir. A mí me parece que pensamos las cosas al revés. De alguna manera, la causa por la recuperación de Malvinas es parte de un montón de formas de entendernos como un país que está en crisis, no porque no tengamos derechos, sino porque vivimos en una crisis.

 

-¿Cuál es el lugar que ocupa actualmente la cuestión Malvinas en el debate político y cultural?

-El debate político-cultural ha crecido bastante en cuanto a temáticas en relación con Malvinas, se ha incorporado el tema de las mujeres, el tema de la denuncia por violaciones a los derechos humanos en la guerra de Malvinas, algunas cuestiones que tienen que ver con la historia regional… Sin embargo, creo que, así como uno puede percibir cierto anquilosamiento en la política exterior y en el discurso político sobre Malvinas, algo semejante sucede en el plano cultural. Si bien yo estoy convencido de que cualquier renovación para pensar el tema va a venir del campo de las artes y de la literatura, quienes escribimos y quienes somos artistas además de investigadores, somos hijos de nuestra época y nuestra época no se da muchos permisos para pensar sobre Malvinas. Entonces, como que se piensa siempre dentro de unos límites predeterminados. Creo que falta mucho todavía, en el sentido de que yo siento una carencia, pero no podría precisar en qué consiste esa carencia. Pienso, por ejemplo, en las veces que se ha intentado hacer actividades binacionales y la denuncia o los ataques que ha habido contra quienes las encararon. Entonces, en un clima de intolerancia como el actual, ni hablar, es bastante más complicado.

 

- ¿Cuál crees que es el lugar que tiene el reclamo de soberanía de las islas en la agenda del actual gobierno nacional?

-Claramente es un vector para la vicepresidenta Victoria Villarruel que hoy por hoy está alejada de las decisiones del gobierno, de hecho, vamos a tener dos actos: el acto central que preside Javier Milei y el acto en Ushuaia al que va a ir Victoria Villarruel, sencillamente porque no pueden compartir espacio público. Si comparamos con el año pasado que iban juntos en un desfile arriba de un tanque, bueno, es un cambio notable. En el caso de Victoria Villarruel, que es la que a mí me parece que está más sinceramente comprometida con el tema, es indisociable que su compromiso con el tema está atravesado también por la forma en que entiende el pasado dictatorial, entonces, entra en la reivindicación acrítica de la guerra, la inserta en la lógica de la gesta y demás. Para Milei es un problema porque, en tanto anarcolibertario, yo creo que, como en algún momento se planteó en el siglo diecinueve para Juan Manuel de Rosas, si existiera la alternativa de una venta o de cambio por dinero, en esa lógica de desmantelamiento que tiene lo consideraría seriamente. Si vos te fijás, es una cuestión bastante esquizofrénica. Creo que, como el gobierno ve que no puede andar pateando el tablero todo el tiempo, aunque lo hace todo lo que puede, con Malvinas se va a moderar porque sabe que ahí tiene un factor de adhesión, lo cual es un verdadero problema para los que nos interesa pensar la cuestión Malvinas constructivamente. Es difícil contestar esa pregunta porque, a la vez, no hay una política exterior, lo que hay es una política de bandazos muy sujeta a la demanda del mercado. 

 

-Qué claves de la indagación en la historia de las islas crees que pueden servir para pensar el presente actual del país

- Hay una cuestión que emerge, que es evidente y yo no me canso de reiterarla: En primer lugar, hay una lógica de entendernos como país y como nación que es la que fue a combatir a Malvinas para recuperar lo que se considera un territorio irredento, encabezando una causa nacional, con la situación de que quienes condujeron esa guerra que se sostenía en un reclamo legítimo era una dictadura ilegítima y asesina de su propio pueblo. En segundo lugar, esa guerra fue una derrota, por lo cual, hay dos heridas, si se quiere, al orgullo nacional y a la autopercepción nacional que no hemos procesado por completo. Hemos procesado parcialmente la violencia insurgente y hemos procesado la violencia del terrorismo de Estado, pero, a las pruebas me remito, es objeto de controversia cada vez que alguien agita el avispero. Y yo creo que socialmente, si bien la aludimos todo el tiempo y la mentamos cada tanto, hay una palabra que hay que pensar mucho más, sobre todo, quienes nos pensamos de izquierdas o del campo nacional y popular, y es que no hemos pensado de manera cabal y completa todavía la derrota en el sentido de cómo seguir. Malvinas sería una excelente posibilidad para pensar cómo seguir, no sosteniendo acríticamente proyectos, sino pensando las características que pueden tener proyectos de corte socialista o de corte progresista (que es una palabra bastante devaluada en este contexto). Si nos fijamos, los otros -en un sentido amplio, pero también estricto pensando en quienes gobiernan hoy- no tienen pruritos en ponerse de acuerdo en cuatro o cinco cosas: son antiestatales, antinacionales, antisociales, antihumanos, antiminorías. Creo que quienes tenemos una perspectiva más humana, preocupada por lo social, estamos obligados a no definirnos por oposición o por el rechazo a… y eso es lo que ha costado bastante desde los años 80. Puede sonar enorme, pero creo que también es una tarea enorme. Al ir a Malvinas, el fundador del primer asentamiento permanente en las islas, el francés Louis Antoine de Bougainville utiliza una cita de Horacio para poner en el monolito de la primera población “Aunque pequeños, nos atrevimos a grandes cosas”. Bueno, esa es la principal demanda que Malvinas nos plantea, atrevernos a grandes cosas otra vez.