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Un hogar poco funcional: violencia, silencio institucional y reclamos sin respuesta en FiloyLé

ELECCIONES UNT 2026

El 18 de mayo, el decano Sergio Robin asumía su segundo mandato con un discurso emocionado sobre la facultad como refugio y hogar. Ese mismo día, en los pasillos y en las redes, comenzaba a circular algo que el edificio-hogar no alcanzaba a contener: denuncias por violencia de género y acoso que involucraban a un estudiante y a un trabajador no docente. Lo que siguió fue una semana de asambleas, escraches, comunicados estudiantiles y un pronunciamiento institucional que no nombra todo.

Defendiendo la educación.





Los primeros comentarios circularon el 5 de mayo, cuando se desarrollaban las elecciones a consejero no docente y consejeros docentes en toda la UNT. Se hablaba de comportamientos fuera de lugar por parte de un trabajador no docente en los baños de la Facultad de Filosofía y Letras. Y, aunque como en muchos edificios de la universidad hay circuito de cámaras, eso no alcanzó.

El 19 de mayo, los pasillos de FiloyLé amanecieron empapelados con los rostros de dos personas: ese no docente del rumor de pasillo y además se sumaba un estudiante. Una vez que los escraches llegaron a las redes sociales, se supo que el estudiante señalado como abusador era militante de La Bolívar, conducción del Centro de Estudiante de FiloyLé y además, ayudante estudiantil.


La organización estudiantil y su comunicado

El día que el decano de Filosofía y Letras asumía su segundo mandato, La Bolívar emitió un pronunciamiento. Hablaron de "una situación delicada", informaron que habían tomado conocimiento de denuncias vinculadas a conductas atribuidas a un compañero de su organización, repudiaron las prácticas y publicaron el nombre: Juan Carlos “Apu” Albornoz. Lo desvincularon de la agrupación y del Centro Único de Estudiantes de FiloyLé (CUEFyL), cuya conducción actual les pertenece. Actualmente la agrupación La Bolívar tiene dos de los tres consejeros estudiantiles en el Consejo Directivo de la facultad y en las recientes elecciones a decano, apoyaron a Robin.

Pero las preguntas que instalaron las asambleas estudiantiles de diferentes carreras fueron otras: ¿cuánto sabía La Bolívar, desde cuándo y qué acciones tomaron?




Las asambleas hablan: repudio, reclamos y una fecha límite

El 21 de mayo, la agrupación Qunqa Cepa rechazó públicamente los actos de acoso y lo que llamó encubrimiento. Ese mismo día, la Asamblea de Trabajo Social exigió que las autoridades de la facultad tomaran postura clara en el plazo de cinco días hábiles, y sumó su repudio al accionar de la conducción del CUEFyL por su falta de respuesta ante situaciones que, según manifestaron compañeras, eran conocidas de antemano.

El 22 de mayo, la Asamblea de Educación fue más específica. Habló de graves casos de violencia de género, cuestionó la burocratización del protocolo institucional, señaló que la coordinación de La Bolívar tenía conocimiento previo de actitudes machistas por parte del acusado, y reclamó medidas concretas: suspensión preventiva del estudiante y del no docente, presupuesto para el espacio de género de la facultad, revisión de quienes tienen acceso al trato con estudiantes ingresantes, y acciones de seguridad digital. También exigieron incorporar perspectiva de género y ESI como ejes transversales en los planes de estudio.


Las asambleas de Historia e Inglés se sumaron en los días siguientes, reclamando que la facultad garantice espacios seguros y herramientas reales de contención frente a situaciones de acoso y violencia de género. Por su parte, la vocalía de ADIUNT en FiloyLé también emitió un pronunciamiento exigiendo celeridad.








El comunicado oficial

El 22 de mayo, la facultad emitió un comunicado e informó que el Espacio de Género y Diversidad había activado el Protocolo de Actuación ante situaciones de Violencia de Género y Discriminación "de manera oportuna e inmediata desde el primer momento de ocurridos los hechos". También recordó que las claves de acceso al Campus Virtual y a los correos electrónicos son personales e intransferibles, y habló de la Ley Olimpia -referida al ciberacoso- como marco de lo ocurrido.

El comunicado, sin embargo, no precisó a qué denuncia se refería -si a la del estudiante, a la del no docente, o a ambas. La información que circulaba en los pasillos de la facultad completaba lo que el texto institucional omitía: el caso del no docente no sería de naturaleza digital. Dataría de comienzos de mayo y habría tenido lugar en los baños del edificio.

Un hogar, decía el decano

Mientras todo esto ocurría, en su discurso del 18 de mayo en el espacio cultural de la facultad, Sergio Robin asumía su segunda gestión como decano junto a su vicedecana Bibi Sibaldi paragonando FiloyLé a un hogar. Un refugio, dijo, donde el pensamiento crítico encuentre resguardo en tiempos adversos. Citó a Hannah Arendt, a Paulo Freire, a Boaventura de Sousa Santos, a Rita Segato. Enumeró autoras feministas y declaró que la gestión trabajaría para consolidar el área de género y diversidad, para sostener campañas contra la violencia de género, para formar a la comunidad en primera escucha y acompañamiento de víctimas.

La semana del discurso, treinta compañeras -según los testimonios que circularon en medios y redes- habían sido afectadas. Y la institución que debía ser hogar tardó en nombrar lo que estaba pasando dentro de sus paredes.

Un reclamo que tiene más de una década

Los reclamos estudiantiles por seguridad en FiloyLé no nacieron esta semana. En agosto de 2013, la facultad fue tomada por el estudiantado organizado luego de que dos estudiantes fueran abusadas en las inmediaciones del edificio en el lapso de pocas semanas. Los reclamos de entonces incluían la declaración de emergencia por violencia sexual en la provincia, con presupuesto específico para prevención, asistencia a víctimas y apoyo psicológico.

Han pasado trece años. Los reclamos son casi los mismos. La diferencia es que antes los abusos ocurrían en las inmediaciones de la facultad. Ahora ocurren adentro: en los pasillos, en los baños, en los espacios virtuales de estudio.

 La UNT en modo electoral: silencio ensordecedor

Todo esto ocurre en el contexto de las elecciones universitarias. Más de 80.000 personas circulan por la UNT como docentes, estudiantes, no docentes, investigadores, trabajadores de distintos órdenes. Y, sin embargo, las voces que emiten algún parecer al respecto de la actualidad universitaria son escasas. 

Desde diciembre del año pasado, los candidatos al rectorado Cabrera y Abdala venían advirtiendo que la reinterpretación del Estatuto -ese recién estrenado documento que establece límites de mandato de manera explícita- estaba por ocurrir. Nadie en la conducción de las facultades dijo demasiado. Es más, acompañaron la foto y guardan silencio, aparentemente conformes con la gestión de Pagani y su posible continuidad como rector. 

En algunos medios se intenta instalar el relato de que en la universidad todo está bien, que no hay crisis institucional, que los temas que se están trabajando son menores porque lo importante sigue funcionando. La retórica de ‘la casa está en orden’ mientras los conflictos de fondo se profundizan. Al decir de algún intelectual, la crisis del aparato de gestión no tiene vinculación con la ambición y tampoco repercute en lo verdaderamente importante que son las actividades de la universidad que no se suspenden. Show must go on.

 Lo que la facultad sigue sin hacer

El estudiantado exige celeridad en el caso denunciado. Que el alumno denunciado no pueda ingresar al predio. Reclaman a las autoridades brindar soluciones a las denuncias. Piden más comunicación y repudian el no haber actuado frente a las situaciones de violencia al momento de conocerlas, además de la falta de socialización el protocolo de violencia.

En Avda. Benjamín Aráoz la construcción de la obra del frente avanza, encerrada entre chapas para que nadie arruine la sorpresa de cómo quedará. Mientras la nada misma parece estar ocurriendo. 

El claustro ultraformado no abandona el silencio, se dedica a hacer sus papelitos y antecedentes porque la vida sigue y el concurso y la evaluación lo mismo se hacen. Los no docentes tampoco salen de su zona de confort y esperan la directiva de su gremio -conducido históricamente por el Zurdo Morales- para saber qué tienen que hacer. Mientras, el gobierno nacional les envía un bono de $40000 al que aceptan con la peor de las ondas.

 Síntoma

En el actual contexto, el estudiantado emerge como síntoma de esta crisis y aunque no sea reinterpretación del estatuto particularmente, ¿acaso es todo parte de la misma inestabilidad y letanía en la que la comunidad universitaria está inmersa?

La UNT asiste en vivo y en directo a la crisis del paradigma de gestión saabista que está poniendo en juego todos sus recursos para torcer la interpretación de un documento consensuado (y coso) y permanecer en las oficinas de la Ayacucho unos años más.

El aleteo interpretativo del estatuto frente a los ojos de la cuidadanía universitaria que parece estar ocupadísima en “la verdadera universidad… la que no se detiene” es invisible. El debate sobre el accionar de las autoridades (ya salidas hace un par de días) que está tejiendo y destejiendo para quedarse a hacer historia es inexistente.

En FiloyLé proclaman la perspectiva de género como valor, y aun así tardaron en actuar. Hablan de refugio, de hogar, de dique ético. Y aun así callan cuando callar conviene.

En los pasillos de FiloyLé, treinta estudiantes dicen haber sido afectadas. Eso no es una crisis de aparato. Es una crisis de casa.


Escraches en los pasillos de FiloyLé






Un hogar, decía el decano